El masaje es una forma de terapia que se emplea desde la antigüedad y nace del deseo natural de buscar un alivio mediante el tacto.

Por ejemplo después de un golpe en la cabeza, la primera reacción que tenemos es tocar el lugar dolorido con la mano.

Existen muchos tipos de masajes. Algunos actúan mediante la presión, como por ejemplo el shiatsu, la acupresura o el masaje chino. Otros se concentran en partes concretas del cuerpo, como es el caso del masaje deportivo en las lesiones musculares, o el drenaje linfático. Sin embargo, el masaje clásico terapéutico constituye la principal base de todos los demás masajes.

Éste tiene la finalidad de actuar sobre el aparato locomotor (músculos, tendones, cápsulas sinoviales, periostio, huesos)   la   piel y los tejidos conjuntivos y es particularmente eficaz a la hora de curar los síntomas del estrés, el insomnio, las depresiones y las enfermedades del aparato circulatorio, dolores musculares, de las articulaciones, del reuma entre otros.

Es importante señalar que el masaje terapéutico no sólo actúa sobre la parte física del ser humano, sino también tiene una gran influencia sobre la psíquica. Puede ser un medio para el autoconocimiento que nos demuestra que podemos sentimos mejor y estar más relajados y que el movimiento no tiene por qué causamos dolor.